- ¡Papa! , mira lo que he encontrado …
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This entry was posted on febrero 14, 2010 at 9:32 pm and is filed under Uncategorized. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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febrero 27, 2010 a las 12:23 am |
- ¡Hija, acuérdate a lo que hemos venido!… ¡no te distraigas!
- Vale, contestaba tirando mi gran hallazgo y reemprendiendo mi labor. Me encantaban aquellos domingos de otoño cuando iba con mi padre a por setas. Al final de nuestras marchas, la cesta de mi padre estaba llena de los ejemplajes más sabrosos y sanos habidos y por haber, mientras la mía contenía un universo de criaturas a mi medida (en su gran mayoría babosas, larvas y hormigas) intentando abrirse paso entre pegotes de musgos, piedrecitas, castañas, bellotas, hojas, y setas multicolores. Las setas de tipo paraguas nunca me gustaron tanto como las de tipo gnomo, siendo los jóvenes Boletus mis preferidos; si encontraba uno mi padre dejaba lo que tuviera entre manos y me decía:
- ¿No quieres que lo haga yo?
¡Claro que no quería!… Y con todo el ceremonial con el que le había visto actuar en esos casos, me agachaba y abría mi navaja; mi padre seguía con la mirada cada uno de mis gestos repitiéndome una y otra vez:
- Con cuidado… hazlo con mucho cuidado… tienes entre tus manos al rey de la setas.
Al llegar al coche mi padre dudaba unos segundos antes de decidirse a colocar mi cesta en el maletero.
- Mejor la llevas a tus pies, y vigilas que no haya intentos de fuga, que no me gustaría que el coche se llenara de bichos… en casa haremos la selección.
Demasiado bien sabía lo que quería decir “selección”; casi todo iría a parar a la basura en cuanto yo me despistara. Sin embargo, dijera lo que dijera, en cuestión de colores y textura mi cosecha era la ganadora. Entre las setas rescatadas siempre había dos o tres ejemplares que cenaría en tortilla y uno que mi padre llevaría a su estudio para preparar una esporada y poder así reconocerlo en su gran libro de las setas.
-Ven, ya lo tengo, exclamaba mi padre, se llama Armillaria mellea, mira, te puede parecer una palabra muy complicada pero mellea es por su color a miel, y mira, mira que interesante… eso que ves ahí se llaman rizomorfos y díme ¿a qué se parecen?…
- A cordones
- Sí, eso es, a cordones de zapatos … y…
- ¿Se pueden comer? interrumpiá yo.
Pero mi padre seguía con su explicación y mis oidos se llenaban entonces de palabras: escamas, láminas, anillo, bulboso, hirto, membranoso, plumoso, esporas, fúngico, elíptica, decurrente, ahusado, fibriloso… que iba pronunciando con el mismo cuidado con el que se debe de cortar un Boletus.