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Maldita lluvia …
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This entry was posted on junio 29, 2010 at 7:25 am and is filed under Uncategorized. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0.
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junio 29, 2010 a las 10:29 pm |
Maldita lluvia la que esta cayendo. Tengo que cruzar la calle entre los coches atascados. el agua chorrea a cada lado de mis mejillas. donde queda el maquillaje especial para este momento. El tiempo apremia. Me esperan al otro y de ello depende mi vida. Lo que no imaginan es…..
julio 2, 2010 a las 8:12 am |
Lo que no imaginan es que vaya a ser capaz de pronunciar la palabra esa que, desde siempre, censuraron de mi vocabulario y que hoy, después de meses de entrenamiento sola en mi habitación, tengo que poder estampar en sus caras de idiotas.
Estoy calada hasta los huesos, pero apenas si soy consciente de ello y, una vez más, repito mentalmente los pasos que tendré que seguir si quiero vencer, de una vez para todas, al enemigo… porque, eso son mis tres hermanos, son: El Enemigo.
Ya estoy frente a ellos. Me miran. Debajo de sus anchos paraguas veo que sonríen.
—¡Vaya mojadura! Ya sabremos qué comprarte para tu cumpleaños —dice José, el mayor de los tres; pero nadie le ríe la gracia.
—Llevamos esperándote un cuarto de hora y tengo mucha prisa, tendremos que solucionar lo de mamá aquí y rápido; lo de tomar algo juntos y hablar con tranquilidad del asunto se ha ido al garete y eso, por tu culpa —sentencia mi hermana Dolores, ejecutiva y cuatro años mayor que yo— por otra parte, no veo que haya tanto de qué hablar; sí, mamá está cada vez más… como diría yo, más… «perdida», pero ¿por qué cambiar nada a lo que hasta ahora ha funcionado de maravilla?; yo voto para que mamá siga al cuidado de…
Pero, antes de que pueda terminar su frase, me yergo como una planta estragada bajo las primeras lluvias, clavo la mirada en la de esos tres buitres que engulleron mi vida, tenso mis cuerdas vocales como se hace con las cuerdas de los tendederos de los patios interiores, envío mi lengua al asalto del paladar y, por primera vez en cuarenta años digo muy alto:
—No.
Después de unos segundos de auténtico estupor, la ejecutiva se atreve a emitir un suave:
—Pero mujer, si a tí que más te…
—No, no y mil veces no, vuelvo a decir en un tono de voz cada vez más firme.
—Vale, pero calla, que estás llamando la atención —me señala avergonzado mi tercer hermano, dos años más joven que yo; nunca fue muy hablador y esas historias de «madres a las que cuidar» nunca fueron con él.
Ha dejado de llover, pero ninguno de los tres se ha dado cuenta… siguen mirándome como si acabasen de descubrir que tienen una hermana, una hermana de cuarenta años y de nombre Rosalía; debajo de sus enormes paraguas de prestigiosas marcas se parecen a esos «hombres sándwiches» de hace años.
—Ya no llueve —les señalo— y creo que va a salir el sol.
—Maldita lluvia, maldito sol, maldito todo… murmura Dolores.
julio 2, 2010 a las 8:56 pm |
Ya soy otra. Mi NO rotundo ha cambiado cuarenta años de dictadura. Ya puedo ir con la cabeza bien alta por la calle. Los tres me miran mudos, estupefactos, diría. Hace tiempo que les perdí el respeto. Lo de cuidar de mamá a golpe de cartera lo hacen por hipocresía, por el que dirán aunque nunca lo admitirían. Todo lo que no tenga que ver con sus ambiciones les da lo mismo. De dónde habré salido yo, me pregunto, no parecemos familia.